Cuándo preocuparse por la caída del cabello

La caída del pelo en este momento del año es una situación temporal y común que afecta tanto a mujeres como hombres. El motivo de que intensifique en esta estación se debe a que coincide con el proceso natural de renovación del pelo. Sin embargo, la alopecia es un problema que afecta a muchas personas de nuestro país. Concretamente, España es el segundo país del mundo con más problemas de calvicie, sobre todo en los hombres, algo que se ha agravado con la COVID-19, siendo la pérdida de cabello una de sus secuelas.

Perder cabello es un fenómeno fisiológico de reemplazo natural. De hecho, al día perdemos entre 80 y 100 pelos, una cifra totalmente normal. El cabello tiene su propio ciclo vital, que oscila entre los dos y los seis años, renovándose unas veinte veces a lo largo de la vida, antes de que muera por atrofia del folículo piloso. Estaciones como la primavera o el otoño aceleran el ciclo de vida del cabello produciéndose esta renovación. En concreto, el pelo pasa de la fase catágena a la telógena, la etapa en la que se encuentra al final de su ciclo de rebrote. En paralelo, los folículos se ponen a trabajar para producir cabello nuevo.

Así pues, cuando la caída del cabello es algo puntual o estacional, esta no debe preocuparnos. Sin embargo, cuando esta pérdida es constante, prolongándose incluso más de tres meses, es momento de consultar con un especialista. Te contamos qué tipos de alopecia existen y qué caracteriza a cada uno de ellos.


Alopecia androgénica

Conocida también como calvicie común, la alopecia androgénica o androgénetica es responsable del 95% de los casos de alopecia y afecta aproximadamente a un 40% de los hombres y a un 10% de las mujeres. Generalmente está provocada por causas genéticas u hormonales.

La alopecia androgénica consiste en una pérdida capilar rápida y abundante que, por lo general, comienza con un retroceso en la línea de nacimiento del pelo, provocando las clásicas entradas, y en la parte superior de la cabeza. Suele acentuarse entre los 30 y los 40 años y con tratamientos preventivos, como energéticos capilares específicos para ello, podemos ayudar a frenar su avance.




Alopecia frontal fibrosante

Si bien la alopecia andrógenica es más habitual en los hombres a causa de los andrógenos, una hormona masculina que hace que el pelo se vuelva más fino, en el caso de las mujeres, y en especial en la etapa postmenopáusica, se aprecian más casos de alopecia frontal fibrosante.

Normalmente este tipo de calvicie se manifiesta en un retroceso de cabello en la línea frontal de implantación formándose una “diadema”. La sintomatología se presenta visiblemente con un enrojecimiento alrededor de los folículos pilosos y un aspecto escamoso en los tejidos. Algunas señales que pueden avisar de su aparición es la pérdida de pelo en cejas, pestañas e incluso el vello corporal así como la aparición de rugosidades en la sienes o en la zona frontal de la línea del cabello.

Desde la Asociación Frontal Fibrosante de la Alopecia explican que se considera un mecanismo autoinmune relacionado con la disfunción tiroidea, el vitíligo o desequilibrios hormonales. Para asegurarse de que el patrón se corresponde con una alopecia frontal fibrosante se realiza una biopsia de la piel del cuero cabelludo. Si los folículos pilosos analizados están infectados por un patrón liquenoide, el resultado es positivo. El avance de esta alopecia se produce paulatina pero progresivamente estabilizándose los síntomas en muchos casos con el paso de los años.


Alopecia difusa

Este tipo de alopecia se caracteriza por una pérdida de la densidad del cabello de forma homogénea y generalizada en toda la cabeza que se produce al producirse una miniaturización paulatina del folículo piloso, la cavidad donde crece el pelo, lo que provoca que se vuelva más fino y se vaya debilitando. Lo que diferencia principalmente a la alopecia difusa del proceso natural de caída regular es la gran velocidad con la que se pierde cabello, algo que, junto a la apariencia de pelo fino, hace que la sensación de calvicie sea más visible y notoria.

Sus causas pueden estar relacionadas con trastornos de tiroides, alteraciones renales, enfermedades intestinales y hepáticas o la falta de nutrientes como el zinc o el hierro, los cuales podemos aportar al organismo mediante la alimentación o en forma de complementos alimenticios, como los comprimidos masticables de Vitamine. A diferencia de otros tipos de alopecia, en la mayoría de casos esta pérdida de cabello puede ser reversible y puntual.



Efluvio telógeno

Esta alopecia se caracteriza por una caída brusca de un gran número de cabello, sobre todo en los laterales y la parte trasera de la cabeza. Se trata de una alteración en el ciclo vital del pelo que ocurre porque este no se completa correctamente y se cae antes de tiempo. Se produce porque muchos folículos entran en la fase telógena, que dura entre 2 y 5 meses hasta que se cae del todo. El cabello se vuelve más frágil y por eso cae más fácilmente.

Entre los factores que la propician encontramos el estrés, alteraciones hormonales, anemia o un déficit de vitaminas. Suele ser un problema temporal en los que pasados unos 6 y 12 meses el cabello se recupera.


Alopecia cicatricial

Cuando la pérdida de cabello se ha producido como consecuencia de una enfermedad del cuero cabelludo, lesiones, traumatismos o quemaduras, hablamos de alopecias cicatriciales. En función de su origen, se dividen en dos grandes grupos: las primarias y las secundarias.

  • Las alopecias cicatriciales primarias se deben a diversas lesiones causadas por enfermedades propias del cuero cabelludo, que han evolucionado y dejado una lesión irreversible en la raíz del pelo y tejido cicatricial. En consecuencia, ocurre una pérdida definitiva de las unidades foliculares.
  • Las alopecias cicatriciales secundarias son las que han sido originadas por traumatismos o como consecuencia de cicatrices de otras cirugías que han provocado lesiones en el cuero cabelludo, generando un tejido que impide el crecimiento de nuevos pelos.


Consecuencia de toma de medicamentos

Algunos medicamentos, como por ejemplo los anticoagulantes o los fármacos de tratamientos oncológicos, pueden provocar pérdida de densidad capilar y caída de cabello. Al ser una causa identificada, no es necesario tomar ninguna medida terapeútica especial ya que normalmente es posible recuperar el cabello una vez cesa la causa que la produce, si bien en algunos casos, como los asociados a la quimioterapia, es posible que la estructura de la nueva fibra capilar cambie de color y textura.




Secuelas de la COVID-19

Las infecciones de cualquier tipo pueden provocar pérdida de pelo, aunque, en principio, esto sería algo temporal y reversible. Las alopecias originadas por esta causa suelen obedecer al deterioro del sistema inmunológico del ser humano, puesto que el cabello siempre es un reflejo de la salud de nuestro organismo.

Actualmente existen varias investigaciones donde se ha observado la relación entre la pérdida de cabello y los enfermos de COVID-19 respecto al resto de la población. Asimismo, cabe destacar que el estrés, la angustia o la ansiedad derivados de la pandemia también puede favorecer la pérdida capilar, ya que estos problemas activan nuestras defensas, las cuales atacan la raíz del pelo produciendo una inflamación y, consiguientemente, la pérdida de cabello.